02 setembre: "No quedan periodistas de raza"

Encetem curs polític, i ho vull fer amb una entrevista de collita pròpia que vam fer el passat abril. En certes ocasions, les aparences enganyen i els meus companys de la Universitat Rey Juan Carlos i jo ens vam trobar amb tot un testimoni de la historia del periodisme més recent a l'Estat espanyol, en una entrevista per un treball d'Historia y Teoría del Periodismo. La conversa va durar unes tres hores: he optat per escurçarla (per tractar-se d'un bloc) i deixar-la en castellà. L'últim punt diu molt de la nostra societat.

La crónica de la política española durante los últimos 50 años tiene un nombre propio: M. Antonia Iglesias. Ha trabajado en TVE durante el gobierno socialista y colaborado con Telemadrid bajo el mandato del PP. Ha compartido mesa y mantel con “nacionalistas, comunistas, socialistas y dirigentes de la derecha más extrema”, precisamente por esto huye de etiquetas. Entender “todos los puntos de vista” y esforzarse en ser neutral han sido sus principales caballos de batalla para sobrevivir al franquismo, a la transición y a cuatro presidentes del gobierno con honradez. Aunque afirma que la prensa escrita es su hábitat natural, fue reportera en Informe Semanal, dirigió los informativos de TVE y actualmente es tertuliana en radio y televisión, también en La Noria. Su último libro, Memorias de Euskadi, refleja su preocupación por la situación del País Vasco y da las claves para poder entender el cambio radical que ha experimentado Ajuria Enea.


P. Comenzó su carrera profesional en el Diario Informaciones, donde empezó como becaria. ¿Cómo describiría su paso por la emblemática publicación?
R. Era una publicación muy especial, formada por mucha gente que venía de un periódico dirigido por los sindicatos, El Pueblo. Coincidí con Juan Luís Cebrián, Víctor de la Serna, Jesús Hermida… periodistas de raza, gente de oficio. Todos ellos se convirtieron para mí en excelentes maestros. Yo empecé de prácticas mientras estaba en la escuela de periodismo y luego ya me quedé: aquello acabó de inocular en mí el veneno del periodismo para siempre.

P. ¿Alguna anécdota que guarde con especial cariño?
R. Me acuerdo de que Jesús Hermida, en el Diario Informaciones, me gastó una broma. Yo llegué allí y me dijo: ¿tú que haces? ¿Tú eres la nueva?Sí, ¿qué hago?Pues mira, ponte donde está esa remesa de periódicos que vas a aprender mucho. Yo me senté allí y agarré los periódicos y dije: “hay que hacer lo que diga el jefe”. Me puse a leer desde las nueve de la mañana y a la hora de comer me dijeron: ¿Qué haces ahí?, se habían olvidado de mi suerte, -¿Cómo qué que hago aquí?, leyendo periódicos cómo me han mandado. Se rió de mí y me dijo: - No me digas que te lo has tomado al pie de la letra. Pero luego Jesús se portó muy bien conmigo y tenía un equipo de reporteros de noche que era fantástico. Eso sí, tenías que venir como fuera con el reportaje. No había excusas.

P. Le tocó sin duda sufrir una época difícil para el periodismo español: el franquismo. ¿Cómo se burlaban las restricciones que conllevaba el régimen?
R. Escribíamos negando. Es una táctica muy conocida. La censura había que burlarla, así que se negaba. A pesar de eso, la censura funcionaba. Me acuerdo de una rueda de prensa que tuve que cubrir: no me decían a dónde iba y cuando llegué al lugar nadie sabía quién era el que iba a aparecer. Era Santiago Carrillo, vino allí con una peluca e hizo una rueda de prensa clandestina. Recuerdo que nos descubrió la policía y nos llevaron a todos los presentes como delincuentes.

P. Y, ¿cuándo se invierte esta situación? ¿Cuándo comienza a gestarse la libertad de expresión en España?

R. Comienza muy en el filo del comienzo de la transición: ya era como ponerle puertas al campo, no se podía parar. Los partidos políticos no estaban legalizados, pero se reunían con Suárez. Una etapa muy delicada y complicada pero también muy aleccionadora, que tuvo como ejemplo de integración la legalización del Partido Comunista. Al principio se veía muy difícil: incluso los partidos que querían ir a las elecciones, como el PSOE, estaban dispuestos a prescindir del PC. Fue el Rey el que dijo que no. El Rey y Suárez dijeron que había que asumir riesgos.

P. Usted siempre ha mostrado una especial predilección por la información política. ¿Por qué esa pasión?
R. Por mi actitud, por mi carácter y por mi inquietud por saber lo que pasaba en el país. Lo cierto es que desde entonces me interesó mucho la información política.

P. Una pasión que se gestó, por otro lado, gracias a la excelente relación de trato que existía entre políticos y periodistas, ¿qué recuerdos tiene de aquella situación?
R. Los partidos estaban en plena ebullición, nos pasábamos la vida en reuniones clandestinas. Fue una etapa muy importante porque allí se creó una situación que ahora mismo sería incompresible: la relación entre los periodistas y los políticos. Porque en el fondo no había una barrera, al contrario, había una intención de ayudarse mutuamente. Ellos se apoyaban mucho en nosotros y aquello generaba una amistad mucho más allá de lo que era el trabajo. Había una amistad. Oficialmente guardábamos las formas, pero en la vida privada había una complicidad muy grande.

P. Visto lo visto, ¿es impensable llegar a tal punto de complicidad en la actualidad?
R. Exacto. Ahora los periodistas que se precian de ser independientes, para demostrarlo, le dan “leña” a todos los políticos que pasan por ahí. En general, se considera que todos los políticos son unos desgraciados y unos ladrones hasta que se demuestre lo contrario. Por ese motivo no puede existir esa complicidad, porque tampoco es sano. Yo creo que ahora es muy positivo que cada uno esté en su lugar, pero de ahí a dar “leña” sin justificación alguna, me parece absurdo e injusto, porque dentro de la clase política hay gente honesta, como en cualquier sitio. Son la gran mayoría pero, claro, con escándalos como los de los ayuntamientos, te quitan los argumentos. Y al final siempre acabo como la tonta de la política defendiendo a la gente.

P. En el último año su presencia en televisión ha aumentado, y aparece en el programa de corte sensacionalista La Noria. Son espacios en los que, a priori, nadie se esperaba que colaborase.
R. Sí, una de las cosas que me preguntan es: “¿qué hace una chica como tú en un programa como este?”. A mí me gusta lo que hago, no voy a regañadientes a ningún sitio. Ha sido muy gratificante saber que la gente de la calle aprende cosas que no sabía, porque a mí me paran cientos de veces por la calle y lo mejor que me dicen es: “se ha entendido muy bien lo que has explicado”. Al menos das claves a la gente y si para eso tienes que aguantar un programa más o menos amarillo… pues mira, la dignidad se lleva en lo que uno hace, no en el contexto. Y a mí me gratifica mucho. Sería una cínica si dijera que no quiero estar en un programa que lo ven tres millones de personas todas las noches.

P. ¿Ha coincidido con Violeta Santander, la mujer que a la que defendió Jesús Neira?
R. La primera vez que apareció en pantalla me tocó a mí entrevistarla. Estaba muerta de miedo y mentía para salvar el pellejo. La traté mal, cómo creí yo que se merecía. La última vez que fue a La Noria, el público, o el pueblo, se erigió como juez paralelo, aparte de los periodistas, y le insultaban sin cesar. Me levanté y me dirigí a ellos, no lo consentí. Era la lapidación de Violeta Santander, y eso no podía ser. No ha cometido ningún delito. Es sólo una pobre ignorante muerta de miedo con un punto de chulería. Cada vez que aparece la audiencia se dispara. Este país va para atrás en muchísimos aspectos. En lugar de ir hacia adelante por el camino del sentido común, vamos hacia atrás por el camino de la víscera.

P.D. La fotografia és del passat dia del Llibre (23 d'abril) a Madrid, davant el Corte Inglés de Preciados.

2 coses a dir:

aniol ha dit...

No és una persona que admiri, ni que em caigui massa bé. Però potser encara és de les poques que surt en mitjans espanyols i defensa punts de vista que ja pocs espanyols defensarien públicament.

òscar ha dit...

com en aniol, no li tinc massa simpatia. tot i que, reconec, que conseqüent i molt pencaire i informada sempre m'ho ha semblat.